Ayer mismo, caí en la cuenta de la cantidad de gente variopinta que he conocido a través de la Red, por Foros, Grupos, etc. Muchas veces compartiendo en directo al cabo del tiempo, y otras, que ni siquiera llegué a conocer jamás y hoy en día ya ni sé cómo ubicarles, aunque sinceramente, tampoco me apetece ya y estaría muy fuera de lugar creo.
Dan para un libro bastante gordo si los enumerase a todos con detalle: con alguno, incluso habría que hacer un monográfico aparte, pues el interés y características, lo requeriría .
Si pudiese retroceder unos diez años sabiendo lo que sé de cierta gente y sus comportamientos...la ingenuidad en el fondo es lo que me ha matado siempre: consciente que juzgaba rápidamente y podía extraer conclusiones equivocadas, me empeñaba y aún lo hago en dar oportunidades a la gente que no debo, pues mi primera impresión y mi juicio rápido resultó que era acertadísimo, pero como no confío ni en mí...pues no me dejo guiar y pasa lo que pasa.
Me quedé con ganas de conocer personalmente a Manu, un sevillano a priori gracioso y simpático como pocos, con un sentido del humor y una inteligencia brillante para varios campos artísticos a los que se dedicaba con mayor o menor entrega, al igual que su pareja: un cuerpo celeste como él mismo definía a esta mujer.
Aún hoy día, mantengo contacto aunque muy puntual con él por Facebook, que a falta de los lugares donde nos solíamos conectar, que ya se quedaron algo obsoletos, es el punto de encuentro por así decirlo, para reunirnos las "viejas glorias", supervivientes de foros extinguidos donde diariamente saludábamos, haciendo alguna aportación en cualquiera de sus apartados, dando forma y contenido a aquello que entre todos construíamos.
Sin saberlo ninguno, pero muy acertadamente, Manu dio un paso más de lo virtual, marcando mi teléfono una noche y charlando animadamente como dos amigos que se conocían desde hacía tiempo, aunque nunca se habían visto. Cuando ocurrió al día siguiente la desgracia que estaba por venir y que marcó mi vida, sin duda, aquella llamada y aquel gesto espontáneo de realizarla precisamente por Manu, ese día y no otro, lo recordé como algo muy especial y aun se lo estoy agradeciendo. Por eso la amistad, creo que es un concepto ambiguo y a veces sobrevalorado: nunca sabemos de quien la vamos a recibir, ni cuando nos daremos cuenta que no teníamos la que pensábamos realmente y es cíclica en cualquier caso con algunas personas. No se trata de quien llegó antes, ni de quien permaneció después simplemente: en momentos importantes da igual como venga y de la mano de quien: pero es importante reconocerla ahí y valorarla en su justa medida. Aunque fuese puntual, fue una tabla de salvación que necesitaba en ese momento, y no en otro. Nadie más estaba y ni yo misma era consciente que necesitaba un apoyo para no tambalear demasiado y caer...aunque fuese en sentido figurado y más apoyo moral y energético que otra cosa. Siempre se lo voy a agradecer y ni él es consciente de su ayuda. Meses después me envió un mensaje de ánimo, tan preciso y acertado como su anterior llamada. Gracias Manu, aunque no vas a leer jamás esto y lo sé.
No hay comentarios:
Publicar un comentario