Pues como en años anteriores, y teniendo en cuenta que éste ha sido el veranito más caluroso que se recuerda en décadas, supongo la nueva estación que viene, será nuevamente el veroño: verano y otoño todo junto.
Con la llegada de un clima algo más fresco y días más cortos donde anochece antes, me hago propósitos como si de año nuevo se tratase: voy a hacer esto, a ordenarme ciertos hábitos, a planificar actividades que tenía pendientes...luego supongo improvisaré un poco como hago siempre, pero la intención está ahí, y con la ausencia de calor, (o al menos no tan sofocante), parece que nos dejamos de tanto relajo, y al tapar algo más la piel, también interiorizamos y reflexionamos más algunas cuestiones y ya no es tanto despiporre de enseñar cachas en la playa, e incluso en la ciudad con prendas extra livianas.
Hay días que querría hacer tantas cosas...que solo de pensarlo me agoto y me faltan horas. Otros que sin embargo, me gustaría que el tiempo se detuviese y yo ahí en medio de un paréntesis vital, tumbada a la bartola, sin horas y sin normas, como si todo estuviese fuera del curso normal, y no contase cuando me reincorporase al tic-tac normal del reloj.
No hay comentarios:
Publicar un comentario